viernes, 17 de julio de 2015

Ironías comparadas

Es en un día de verano, tumbada bajo el sol en una playa alejada del mundo, cuando te das cuenta que quizá la felicidad sea ese mismo instante. Ese instante en que disfrutas del día, de la vitalidad que te brinda el sol, de tus manos apoyadas en la arena, sintiendo ese empapado frío que de esconde bajo el calor superficial de la capa visible.
Qué ironía. Me recuerda a ti. A ti, que brindabas calor al mundo. A ti, que brillabas como el sol. A ti, que lucías tan alegre y jovial. Pero una vez escavada tu superficialidad, llegando al interior, te encontrabas a la más fría y manipuladora de tu personalidad.
Y qué ironía. Que ahora que hablo de ti, me recuerdo a mi. A mi, al yo de ahora. A aquello en lo que me convertiste, en lo que me convertí. Soy tan tú, que siento miedo.
Y no sé si darte las gracias, o darte todos los puñetazos y puñaladas que te merecías. Porque seguro que ahora, también me las merezco yo.
Por eso prefiero optar por las dos cosas, y tallar en tus bloques de hielo la más bella figura. Será la forma de dañarte dándote las gracias.

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