domingo, 21 de junio de 2015

La Cenicienta perdida

Aquella noche jugaron juntos
a la Cenicienta perdida
y a su príncipe enajenado.

Ella perdía los zapatos,
él había perdido la cabeza.
Ella huía del pasado,
él vagaba por la vida.

Ella salió corriendo
cuando sonó la campana
que marcaba las 4 a.m.

Él la siguió,
un poco retardado,
hasta que de vista la perdió.

Ella era una princesa
un tanto moderna,
él era un príncipe
más bien rana.

Se dio por vencido,
se sentó junto al zapato perdido,
o abandonado en este caso,
y esperó que la noche terminara.

Al amanecer,
no pudo darse cuenta
que alguien lo acompañaba.

Pues una princesa
no va muy lejos
sin su zapato.

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