jueves, 16 de abril de 2015

Tú, mi soledad

Tú.
Odiada por muchos, pero querida por otros. Y a pesar de ello eres tan necesaria... Eres ese imprescindible que no nos puede faltar. De hecho, nunca fallas a nadie, sabes dar a cada uno su momento en la justa medida.
A veces puede parecer que llegues en la peor situación, pero si vienes, es por algo. Siempre nos aportas paz, sabiduría, tiempo para nosotros e, incluso, felicidad. Vienes acompañada de tu amiga la libertad, esa a la cual tanto deseamos. Nos volvemos competitivos y hasta agresivos por conseguirla, sin darnos cuenta de que la mejor manera de acercarnos a ella es a través de ti.
Soledad. Tú que cuentas los años que tiene el sol. Tú que acompañas en las frías noches a las almas despobladas. Soledad, a veces eres tan necesaria...
Me viniste impuesta por el desprecio ajeno. Te odié al principio, al sentirme sin nadie. Después me si cuenta que tú eras la compañía dentro de mi propia soledad. Me enseñaste a quererme, a comprenderme y a valorarme. Me enseñaste que soy más feliz contigo, que con otros. Me enseñaste que puedo ser feliz, porque la felicidad no depende de nadie, tan sólo de uno mismo.
Me acompañaste durante años, convirtiéndote en mi mejor amiga. Y supiste cuándo marchar sin yo notarlo. Aparecieron personas con maletas en mi vida que venían para quedarse, y entonces te fuiste sin dejar huellas.
Yo sigo siendo la misma. De vez en cuando, me gusta huir de la gente, escaparme del loco mundo que nos rodea, y volver a ti. Reencontrarme contigo. Disfrutar esos momentos juntas, como si no hubiese pasado el tiempo. Así yo te cuento mis días, y tú me revelas nuevos consejos de vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario