lunes, 27 de abril de 2015

Puede. Sólo puede.

Puede que mañana te despiertes y no seas tú mismo. Puede que, al igual que a Gregor -el protagonista de la más famosa obra de Frank Kafka-, te despiertes convertido en otro ser vivo.
Puede que mañana, cuando amanezca, seas tu yo más monstruoso, malvado y egoísta.
O puede también que mañana al despertar sea tu yo más noble, bondadoso y solidario quien te gobierne.
Puede que tan solo seas tu mismo, una mezcla de bandos buenos y malos gobernando un cuerpo sin rumbo.
O, puede, ¿por qué no?, que no te ocurra nada de esto. Que no te ocurra nada. Y que no tengas más días. Quizá mañana al alba, tu cuerpo solo sea otro más que queda estancado en la tierra mientras que tu alma vague libre, yendo de aquí a allá, sin permanecer por siempre en un mundo.
¿Te da miedo? ¿Te asusta pensar que un día eso será lo que te ocurra? ¿Te asusta la certeza de que un día dejaras de respirar, y de existir? No debería, pues la muerte es la única certeza que tenemos. el saber que un día llegará. Está claro que no sabemos la fecha exacta, ni las circunstancias en que ocurrirá. Pero sabemos que todos, absolutamente todos los seres vivos tenemos un principio y un fin.
No somos inmortales. No somos infinitos.
El resto de nuestra vida está condicionada por una serie de “puede...” que van aumentando o disminuyendo dependiendo de tus propias elecciones.
Puede que yo no muera mañana. Puede que no lo haga hasta dentro de unos años.
Puede que tú tampoco lo hagas, que aún te quede tiempo.
Y puede que mañana nos despertemos uno al lado del otro. Porque los “puede” son parte de la vida, pero las elecciones son nuestras.
Y puede, sólo puede, que te quiera.

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